A un minuto de la calle principal de Viñales, Claudina Álvarez y su familia alquilan una habitación en su acogedora casa. El cuarto, amplio, muy limpio y con aire acondicionado, dispone de espacio para dos adultos y un niño y cuenta con un baño propio, con agua fría y caliente durante todo el día.

Además, podrá salir salir al porche a descansar en las mecedoras o sentarse en el salón a ver un rato la televisión. La casa cuenta con un aparcamiento vigilado a sólo 200 metros y, si se solicita con antelación, se puede disfrutar de los sabrosos platos elaborados por Claudina para cenar o almorzar.

Precios:
Habitación: 20-25 cuc por noche
Desayunos: 3 cuc por persona
Almuerzos y cenas: Según el menú

Claudina es una cocinera excepcional que sirve raciones muy abundantes pero de lo más variado. Sus comidas son realmente exquisitas y los desayunos descomunales dan energía para todo el día.

Merece la pena hacer una excursión por los mogotes y tener esperando a la vuelta uno de estos sabrosos platos.
Quien llega a casa de Claudina siempre se queda con ganas de repetir. Estos son sólo algunos de los viajeros que conocieron su hospitalidad:

“Nos ha hecho sentir la amabilidad de la verdadera Cuba. Sin duda la recomendaremos por todas partes y si volvemos algún día, será a Casa de Claudina.”

Alfonso y Marta - Sevilla, España.


“Nos ha hecho sentir la amabilidad de la verdadera Cuba. Sin duda la recomendaremos por todas partes y si volvemos algún día, será a Casa de Claudina.”

Alfonso y Marta - Sevilla, España.


“Muchas gracias por todo, no os olvidaremos nunca.”

Claudia, Alex, Moritz y Paula - Viena, Austria.
Y para no irse de Cuba sin probar su gastronomía más típica, no se puede dejar de disfrutar de un mojito.

Pedro, el marido de Claudina, es un auténtico maestro en la preparación de la bebida cubana por excelencia.

La pequeña localidad de Viñales, en la provincia de Pinar del Río, acoge uno de los paisajes naturales más impresionantes de la isla de Cuba. No en vano, el valle de Viñales fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1999.

Salir a conocer las plantaciones de tabaco, escalar las zonas más rocosas o simplemente dar un paseo entre los mogotes son sólo algunas de las actividades de las que se puede disfrutar en este pueblo de gente cálida y acogedora.